Julian Jackson

Harvard University Press

Hay tres eventos clave en la historia de Francia en el último siglo: la humillante derrota en la segunda guerra mundial,  la guerra de independencia de Argelia y la crisis de mayo del 68. En los tres eventos, el protagonista fue Charles de Gaulle.  El historiador Julian Jackson nos presenta la biografía de este colosal personaje, cuya presencia parece invadir todos los intersticios de la Francia moderna. Tras la caída de Francia en junio de 1940, el general de Gaulle escapa a Londres prácticamente sin nada. A punta de voluntad y empuje, logra crear un gobierno en el exilio, y de a poco se gana un lugar en la toma de decisiones. Este es un punto alto del libro, pues describe en detalle los pasos que tomó para lograr algo que entonces parecía descabellado: que la Francia Libre se incorporase a las fuerzas aliadas.

Es especialmente fascinante el relato de los interminables conflictos entre de Gaulle y el gobierno inglés. Durante la guerra, de Gaulle se enfureció muchas veces porque no le daban suficiente importancia a la Francia Libre. Es difícil de entender cómo de Gaulle fue capaz de poner riesgo su alianza con el Reino Unido, dado que dependía del apoyo de ese país. La interpretación de Jackson es que a de Gaulle, más que ganar la guerra, le importaba que Francia recuperase el prestigio perdido. “Francia primero” es quizás la frase que mejor describe la visión política del general.

El relato sobre la crisis de Argelia es otro de los puntos altos. De Gaulle acepta asumir la presidencia con la condición de que se le permitiera redactar una nueva constitución, la que eventualmente da lugar a la Quinta República. Sus críticos lo tildaban de bonapartista y autoritario, pues aceptó el cargo solo con una constitución hecha a su medida. Sin embargo, la forma en que resolvió la crisis reveló que dichas críticas eran injustas, pues mostró pragmatismo y una fiel adherencia a los valores republicanos.

Mayo del 68 fue un final digno de su vida. Muchos de los estudiantes que se volcaron a las calles no reconocían a de Gaulle como un líder moral; era simplemente un caballero anticuado. En el peor momento de la crisis, una vez que se aseguró el respaldo del ejército, De Gaulle decide doblar la apuesta, adelantando las elecciones parlamentarias. Sorpresivamente, su partido logró subir su votación, pese a todos los cuestionamientos en su contra, una vez más, las mayorías apoyaron a su líder en las horas decisivas.

 

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Agosto 25, 2020

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