Philip Hoare

Ático de libros, 2014

 

Las ballenas escuchan con todo su cuerpo y pueden comunicarse a través de miles de km; el ámbar gris, que se encuentra dentro de su tubo digestivo, es un tesoro valiosísimo con el cual hasta el día de hoy se hacen los perfumes más caros; sus barbas están hechas de keratina igual que las uñas, tienen muy mal aliento; ven muy poco y no delante de sí, sino solo hacia lo costados donde se ubican sus ojos; el cuerno del narval, un tipo de ballena, es en realidad un diente enhiesto que en la Edad Media se machacaba y servía de antídoto contra la melancolía; algunas especies de ballenas son cada vez más blancas en la medida que envejecen; las protuberancias que algunas lucen se concentran en la parte superior de la cabeza, la barbilla y sobre el labio superior, igual que los pelos de los humanos. Después de leer el libro de Hoare, el lector, si ya no lo es, se convierte en un amante de las ballenas y se agudiza su obsesión por saberlo todo de estos cetáceos.
El autor nos lleva por un largo viaje personal a través del mundo de las ballenas, en el cual Melville, con su obra cumbre Moby Dick, juega un rol fundamental. La ballena, con su enormidad, representa como ningún otro ser vivo, la vida y también la muerte. Y es una vida compleja, llena de inteligencia, de vida social, de sensualidad y cuyo hábitat, el autor dice que es el primer ser verdaderamente global, se extiende por toda la tierra.

“Un poco más allá, frente a mí, se dibuja una forma que emerge de la oscuridad, una silueta familiar que he visto en fotografías, palabras, películas pero que jamás me había parecido real: es un cachalote que flota en la superficie. Estoy a menos de 10 metros de él cuando lo veo: su cabeza chata, conectada por flancos musculados, con sus infinitas aletas que se mecen lentamente, llena por completo mi visión. Su enorme cabeza gris se vuelve hacia mí, mirándome como un bloque de granito erguido, arrolladoramente monumental. Su envergadura me superaba. Era todo cuanto podía ver!”

Para todos los lectores que sueñan, desde niños, nadar con ballenas.

 

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Enero 18, 2020