O el cultivo de la sabiduría, la simpleza y la didáctica

Malba Tahan

Malba Tahan, con pluma ligera y entretenida, crea una obra de arte para la educación en matemáticas con El hombre que calculaba, representando unas matemáticas <> y útiles, aplicables a la vida diaria, como una herramienta para entender y explicar el mundo desde su alma misma. Alejada de las formulas lineales y cascarudas -esas que son pesadas y atormentan a los jóvenes con la inútil e intrascendente cara que le solemos dar por culpa de una educación carente de didáctica- da un aire vital y dinámico a la ciencia de los números, convirtiendo esta obra en la favorita de matemáticos como Jamie York, quien ve a las matemáticas como lo que son, elementos vivos y dinámicos.
El libro nos narra las aventuras de Beremir Samir, un humilde cabrero que vive en un oriente medio en pleno auge imperial, que con su humildad y amor por calcular, se abre paso en su fortuna hasta llegar a las altas cortes reales. Tahan desarrolla y refuerza esta aventura con datos históricos bien ubicados y ejemplos que animan al lector, mostrando que cualquiera puede ser un gran matemático.
Tahan emulsiona la historia con la religiosidad, arte, poesía y filosofía de oriente medio, invitando al lector a buscar el camino de la espiritualidad desde la humildad y la sabiduría de las matemáticas. Esto se ve en el desarrollo del personaje, especialmente en las pruebas a las que el calculador es sometido de manera constante, donde se muestra las bases de las matemáticas vivas y la espiritualidad, tal como la unidad, la necesidad de desarrollar y plantear bien un problema, la sencillez sobre los artilugios y demás.
El culmen de la historia viene en el arco de las siete pruebas contra los sabios, donde el sultán busca medir a Beremiz contra siete grandes pensadores, cada uno con una prueba en su especialidad, pero, como lo narran previamente en la leyenda del rey Asad-Abu-Carib y las siete musas, todo tiene matemáticas.
Uno de los sabios interroga al calculador sobre la fe del Islam, pie de todo aquel mundo; otro desde la memorización de leyes, buscando resaltar la impotencia de conocer la historia y aplicación practica de las matemáticas en el mundo; otros hablan sobre la ciencia y como esta puede ser falaz si se usa mal; uno más busca que se de una demostración de la necesidad de unir lo material con lo espiritual para resolver los problemas humanos y trascendentales. Pese a la gran dificultad de las pruebas, todas son sorteadas desde la lógica y la sencillez que brinda el conocimiento de los números, demostrando así la importancia de la matemática en todos los mundos de la sabiduría.
Este libro de anécdotas, acertijos y ejercicios se convierte así en una herramienta imprescindible a la hora de tomar sentido del mundo matemático y de la sabiduría en general, dejando, entre muchas de sus lecciones, la enseñanza de que el valor de un sabio se mide por su imaginación y capacidad creadora, señalando así la cúspide de todo conocedor, entusiasta o científico ¡las artes y ciencias como seres vivos!. En definitiva, un imprescindible para todo amante del conocimiento.

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Enero 18, 2020

2 Replies to “El hombre que calculaba”

  1. Pablo says: Agosto 26, 2019 at 4:22 pm

    Muy buena reseña. Dan ganas de ir a comprar el libro, leerlo y regalarselo a todos los nietos que todavía se preguntan (y nos preguntan) para qué sirve estudiar matemáticas). Supongo que es también una buena opoertunidad para revalorizar la “lilustración islámica”, muy anterior a la cristiana. ¡¡Cómo se dan vuelta las cosas!! Ahora el cristianismo tolera la lógica y la ciencia mientras amplios secotores del islamismo frena la capacidad del hombre a pensar para no ofender al Profeta.

    1. Daniela Correa says: Septiembre 1, 2019 at 1:37 pm

      Qué bueno que te gustó. Gracias por tu comentario.

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