“Este país”: Birmania, Burma o Myanmar

Durante la visita de la entonces Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton en 2011, la primera visita de una dirigente de alto nivel al país en 50 años, ella tuvo cuidado de no usar nunca el nombre oficial de esa nación. Durante los días que duró su visita, siempre se refirió al país anfitrión como “este país”. De este modo intentaba no interponerse en el debate interno – e internacional – sobre qué nombre correspondía usar: Birmania, el nombre de la colonia inglesa, Burma, el nombre coloquial que usa buena parte de sus habitantes o Myanmar, el nombre oficial que le asignó la Junta Militar después de violentos enfrentamientos civiles en 1989.

George Orwell – sí, el mismo de “1984” y de “La Granja de los Animales”- nacido en India y que pasó 5 años como funcionario de la Corona en la hoy llamada Myanmar-  describe el país y el espíritu colonialista británico de entonces en su novela “Burma Days”, publicada en 1936, poniendo en boca de su protagonista esta joyita: Today I feel like a colonialist British civil servant officer in 1930. “Relaxing by the pool of the Club, a gin tonic at hand, in this bloody hot country, with my seven Englishmen friends, surrounded by tens of thousands of black hided, lazy niggers who have no manners to treat us like the masters we are. Beggars, who should keep their place”. (Hoy me siento como un oficial del servicio civil británico en 1930. “Relajándome en la piscina del Club, un gin tónic en la mano, en este maldito caluroso país, con mis siete amigos ingleses, rodeados de decenas de miles de pieles negras, negros flojos que no tienen modales para tratarnos como los amos que somos. Pordioseros que deberían mantener su lugar.”)

Pablo Neruda, cónsul General de Chile en Rangoon (hoy Yangón) en 1927 escribe a sus amigos sobre su aburrimiento en Birmania y dedica su poema “Rangoon 1927” a su conquista oriental que le sigue a Bogotá. Sus líneas evocan los olores, colores y sabores del Myanmar actual.

En Rangoon era tarde para mí.
Todo lo habían hecho:
una ciudad
de sangre,
sueño y oro.
El río que bajaba
de la selva salvaje
a la ciudad caliente,
a las calles leprosas
en donde un hotel blanco para blancos
y una pagoda de oro para gente dorada
era cuanto
pasaba
y no pasaba.

Rangoon, gradas heridas
por los escupitajos del betel,

las doncellas birmanas
apretando al desnudo
la seda
como si el fuego acompañase
con lenguas de amaranto
la danza, la suprema
danza:
el baile de los pies hacia el Mercado,
el ballet de las piernas por las calles.
Suprema luz que abrió sobre mi pelo
un globo cenital, entró en mis ojos
y recorrió en mis venas
los últimos rincones de mi cuerpo
hasta otorgarse la soberanía
de un amor desmedido y desterrado.

Rangoon 1927, Pablo Neruda.

Visitar Myanmar es como trasladarse 50 años en el tiempo y lo único que cambia es que ahora no son los británicos sino que somos los turistas los que parecemos los “masters” de este bellísimo país y su pueblo gentil.

Myanmar supera las expectativas. Cultura sorprendente, gente cálida, costumbres exóticas, mercados solo comparable al de Iquitos, en Perú, en la variedad de productos extraños que se ofrecen. Y por encima de todo, los más de 3.000 majestuosos templos y pagodas budistas que salpican Pagan ( o Bagan) una ciudad de apenas 10.000 habitantes en un espacio de seis por seis kilómetros y que en el siglo XI fue la capital de un pequeño reino local a orillas de río Irrawaddi que invita a contemplar el tráfico de barcos de pequeño calado, botes y pescadores que suben y bajan el río mientras mujeres lavan en su margen y hombres cosechan en sus orillas.

Después de conocer la pagoda dorada de Yangon, creí que nada me impresionaría más.  Sin ser tan esplendorosos, los templos de Bagán están dispersos en una zona agrícola de pequeñas aldeas con vida rural.  Llueve apenas 500 mm al año – algo así como Curicó – por lo que en esta época el pasto está seco y los caminos polvorientos, pero hay una buena cobertura de árboles de acacia y otras especies muy parecidas al algarrobo o los espinos.  El panorama es como estar en algún oasis de San Pedro de Atacama. Pero en lugar de tener al volcán Licancabur como referencia, aquí se tienen los templos sobresaliendo como montañas en el horizonte.

A diferencia de otros lugares de Indochina, en Bagán los templos están siempre con gente del lugar rindiendo homenaje a sus antepasados y ofreciendo sus respetos a los miles de Budas esculpidos o tallados por doquier. ¿Cómo no aprovechar de agradecer la suerte de estar yo aquí? Como dijo Buda, “yo no he creado nada y no soy amo de nadie. Nadie me debe nada; solamente les indico el camino a la iluminación, la felicidad o el Nirvana”. Así que no es gracias a Buda sino a mis ancestros, familia, amigos y amigas; trabajos y oportunidades lo que me han dado este privilegio de conocer, sino el Nirvana, la diversidad del mundo.

A propósito de Budismo y Myanmar, conviene considerar la lectura de “Burma under the British Rule and before” de John Nisbit. Una historia de principios del siglo XX que entrega una amplia visión del colonialismo británico y, específicamente, de la ocupación de Burma, la más rica posesión británica del Imperio Indio. El libro tiene un capitulo completo sobre el budismo -calificado por el autor como una filosofía religiosa en lugar de una religión- sobre sus fundamentos y su organización, escrito en un lenguaje simple y accesible.

Yangon (Rangoon) es una ciudad como detenida en el tiempo. Por eso, leer “Oh Burma” de Franz Welman una novela situada en 1988 antes del alzamiento popular y antes que se renombrara el país como Myanmar, entrega una visión de lo que ocurre cuando un país es entregado a dictadores militares que hacen lo que quieren, lo que se mantiene vigente en la política local hoy y que se refleja en la persecución de las minorías musulmanas rohindras clasificados por las Naciones Unidas como la minoría étnica más perseguida en el mundo actual.

El budista Myanmar limita al oeste con el musulmán Bangladesh, el cual resultó de la partición de la región de Bengala en la India y se llamó durante un tiempo Paquistán Oriental. A diferencia de Bengala, los ingleses parece que nunca lograron una organización colonial eficiente en Burma. Hasta 1880 dominaban solo el sur mientras el norte seguía en manos de señores feudales (reyes) que no se sometían tan fácilmente a la corona británica; los lectores mayores recordaran “Los Lanceros de Bengala”, que eran las tropas compuestas por bengalíes bajo el mando de los ingleses.

El país está habitado por casi 60 millones de personas – de no recuerdo bien si 134 o 154 etnias – con diferentes idiomas, dialectos, costumbres y apariencia; en general de color obscuro, como los Indios o más, todos supuestamente descendientes de tribus mongoles que cruzaron los Himalayas y avanzaron asentándose en el valle del río Irrawaddi hasta alcanzar a poblar la costa del Golfo de Bengala. Su alfabeto deriva del sánscrito y sus costumbres tienen mas influencias indias que chinas, tanto por el efecto del poder colonial inglés como del budismo, a diferencia de otros países de la península indochina.

En 1948 Myanmar logró su independencia, liderado por U Un, el padre de la actual líder y Premio Nobel de la Paz Aung San Sun Kyi. Se estableció una república democrática representativa al estilo inglés la que duró apenas hasta el 1962 cuando asumió una junta militar socialista que cerró completamente el país a la inversión, el comercio, el turismo y la influencia extranjera, algo así como la Cuba del sudeste asiático. En 1989, coincidiendo con la caída del muro de Berlín y la pérdida de hegemonía soviética, se produjeron masivas manifestaciones populares las que fueron reprimidas violentamente dando inicio a un lento proceso de apertura que se consolidó recién ahora con las elecciones democráticas de noviembre de 2015.

El país tiene sus peculiaridades: los autos tienen el manubrio a la derecha, pero se maneja también por la derecha; cambiaron de nombre, de Burma a Myanmar hace algún tiempo; pero recién cambiaron la bandera. Pareciera que quisieran romper con todo el pasado colonial británico pero no pudieran. A diferencia de India, no es fácil encontrar quien hable o que se le entienda en inglés. Obviamente los circuitos turísticos están bien implementados; la comida sorprende por su sabor; mucho curry como forma de preparación pero no picante; quizá  en los circuitos menos turísticos sazonan con mas ají.

La gente mastica nueces de Betel (Betel Nuts); una mezcla de Arica Nuts (una baya de palmera) envuelta en una hoja de Betel junto con una pasta de calcio, lima, cardamomo, canela y otros ingredientes. Tiene un sabor amargo y es un estimulante por su alta concentración de un alcaloide. Debe ser parecido a mascar coca en Bolivia o nuez de cola en Nigeria.

Pero sigamos viajando por Burma y vamos a su maravilloso Inle Lake. Un lago – o mas bien un humedal- a 800 msnm con un clima bastante moderado. El lago, de unos 30 km de largo y 10 de ancho con una profundidad de apenas 1 metro, está circundado por decenas de pequeñas aldeas sobre palafitos de hasta cuatro piso en un intrincado laberinto de canales entre los que se cultivan hortalizas – incluidos tomates, maíz, zapallos, plátanos y todo tipo de verduras en melgas que flotan sobre plantas acuáticas;son abonadas con fango y malezas extraídas del fondo (como el pelillo en Chiloé) y cultivadas desde  canoas planas que se reman con un remo articulado entre un hombro y un tobillo como si fueran chopsticks gigantes. El movimiento de canoas entre las aldeas, más los turistas y más los pescadores, conforman un trafico incesante de embarcaciones con hélices instaladas en el extremo de pértigas de 2 a 3 metros de largo unidas por un cardán a motores estacionarios chinos de 2 y 4 tiempos que producen un ruido infernal. Como las hélices están casi siempre a flor de agua para no enredarse en las plantas acuáticas, las canoas, muchas de mas de 20 m de largo se mueven como si arrastraran una nube de agua. Desde lejos, el lago parece salpicado de cientos de fuentes de agua en movimiento que dibujan un espectáculo increíble.

En cada aldea un atractivo y en todas, tremenda pobreza; una pagoda, un mercado, un tipo de artesanía; cigarros con filtros de hojas de maíz, tejedoras de fibra de tallos de loto tan delgados y firmes como hilos de una telaraña o tejedoras de algodón.

Solo en la región de Shan, hay 34 grupos étnicos con costumbres, vestimentas y lenguas diferentes. Es un mosaico de colores, olores y sonidos sorprendentes, encerrados por montañas muy erosionadas que alcanzan alturas de más de 2.000 metros en el horizonte. Es un lugar ideal para conocer caminando, bicicleta y canoa, encontrando a cada paso la vida cotidiana que ha permanecido inalterada por quizás cuantos siglos. La modernidad se aprecia en los grandes y lujosos resorts que se han construido y siguen construyendo para recibir los casi 3 millones de turistas que llegan cada año y la rápida sedimentación y eutrofización (ahí los sorprendí, queridos lectores) que avanza a pasos agigantados. Probablemente en menos de 100 años este será solo un gran pantano en el centro de Myanmar. Es como si el humedal del Río Cruces estuviera rodeado de aldeas huilliches, mapuches, pehuenches, de chonos y tehuelches.

Así es Myanmar, un país totalmente al margen de los circuitos turísticos internacionales hasta hace apenas 10 años y hoy una atracción imperdible para los jóvenes que recorren el sudeste asiático. Pero es diferente visitarlo con un ojo crítico conformado por lecturas previas que conformándose con las historias que cuentan los guías locales, muy preocupados de ser políticamente correctos en un país donde la dictadura militar se mantiene en gloria y majestad.

Pablo Tironi

2019

Lecturas recomendadas

Burma Days, George Orwell, Penguin Books, 1934

Residencia en la Tierra, Pablo Neruda, Seix Barral, 2019

Oh Burma, Franz Welman,Booksmango, 2011,en Amazon

Burma under the British Rule and before”,John Nisbit, Create Space Independent Publishing Platform 2014, en Amazon

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Enero 15, 2020

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